Terremoto 19-S: Una sincronía surrealista y fatal, maldita y espectral

Publicado 25.09.2017, 12:21 p.m

Sincronía surrealista y fatal, sincronía maldita y espectral en este México impensable y azaroso, supersticioso y chamánico, que tornó el símil en inverosímil, lo simulado en indisimulado, la dúctil apariencia en trepidatoria realidad. Como broma macabra y morbosa, en otro 19 de septiembre, la Tierra sacudió la resaca de tequila y grito patrio en llanto y grito pánico, sirenas, construcciones estrujadas, manos solidarias, ojos vidriosos y cascajos de dolor.

El terremoto

Rugieron, a las 13:14 del martes 19 de septiembre de 2017, sus entrañas como dos tigres que se acechan, uno desde las montañas de Puebla y el otro desde los valles de Morelos. ¨Hay un tigre en la casa que desgarra por dentro al que lo mira¨, dijo el poeta Eduardo Lizalde. Hay un tigre en la casa que siempre merodea y desangra a México de desgracias: por si no bastaran los zarpazos de su violencia criminal, México emboscado por las dentelladas de la violencia natural.

Según el Banco Mundial, en torno a un 40% del territorio mexicano y un tercio de la población de México vive en áreas expuestas a huracanes, tormentas, inundaciones, erupciones volcánicas y terremotos. En términos económicos, eso significa que el 71% del PIB de México está expuesto al riesgo de dos o más desastres naturales y el 30% a tres o más. El Índice de Gestión de Riesgos (INFORM por sus siglas en inglés) sitúa a México, a la hora de evaluar los riesgos y exposición a catástrofes naturales, en el undécimo lugar del mundo con una lectura de 7.0, junto con Perú. Son los primeros países del planeta fuera de la región de Asia, donde se concentran los mayores riesgos de catástrofe natural encabezados por Filipinas y Japón.

En México, la lectura más alta al riesgo y exposición de catástrofes naturales está asociado a los terremotos (8.5), y los dos mayores riegos de una lista de cinco están relacionado con la exposición física a los sismos. Afortunadamente, los desastres en México relacionados con terremotos no son los más frecuentes: según las cifras sobre Desastres Internacionales de la Universidad Católica de Lovaina, se sitúan en tercer lugar con un 10%, por detrás de las tormentas (44%), y las inundaciones (24%). Eso no quiere decir que sean infrecuentes, sino que habla de la vulnerabilidad de México a los desastres naturales. El Servicios Sismológico Nacional contabiliza 19 seísmos de con una magnitud de al menos 7.0 en la escala Richter desde el fatídico terremoto de 1985, cuya magnitud fue de 8.1. El Banco Mundial afirma que al año hay más de 90 movimientos telúricos con una magnitud igual o por encima de los 4.0 grados, algo así como el 6% mundial.

Tampoco, históricamente, al menos en los años recientes, son los que han causado mayores daños, ni en términos de mortalidad ni en daños económicos. En el período de 1990 a 2014 (por lo que queda excluído el terremoto de 1985, que ha sido el desastre más devastador de la historia de México), las pérdidas económicas derivadas de terremotos durante ese período apenas fue de un 3.0%, comparado con un 39% de las inundaciones. Sin embargo, y retrotrayéndonos a los sucedido en 1985, sí son los que potencialmente pueden ser más destructores. Si se calculan los riesgos probabilísticos, la Universidad Católica de Lovaina estima que, en función de los activos expuestos a cada desastre natural, los terremotos podrían concentrar el 46% de las pérdidas promedio anuales comparado con un 30% de las inundaciones y un 21% por los vientos huracanados.

Gestión de desastres naturales

Dada la fuerte vulnerabilidad de México a los desastres naturales, las autoridades y la sociedad civil se ha encargado de crear una red de seguridad para reducir y gestionar dichos riesgos. Por supuesto ha mejorado las infraestructuras, y las leyes han sido más rigurosas en el uso de suelos y planeamiento urbano. Pero además ha creado instrumentos para financiar y asegurar los riesgos de desastre natural. El terremoto de 1985 dejó claro que las labores de reconstrucción son tan costosas y precisan de tantos recursos que tienen un alto impacto en las finanzas públicas y puede socavar la inversión de largo plazo y el crecimiento económico.

Tras la funesta experiencia de 1985, las autoridades mexicanas crearon el Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc) en 1986 y, diez años después, en 1996, el Fondo de Desastres Naturales (Fonden) para financiar sus actividades. En el 2003, se constituyó el Fondo para la Prevención de Desastres Naturales (Fopreden), que para su funcionamiento ha desarrollado modelos para cuantificar los riesgos en pérdidas humanas y materiales a partir de estimaciones probabilísticas, el R-Fonden, y atlas de riesgos. Esos mecanismos han servido para pasar de un sistema de respuesta y reconstrucción a otro de acciones más preventivas destinadas a proteger la vida de los mexicanos y la riqueza de la nación sin desequilibrar las finanzas públicas: son partidas presupuestales cuyos recursos se destinan a atender las labores de emergencia, rescate y reconstrucción derivados de los daños ocasionados por los desastres naturales.

A su vez, México ha recurrido a instrumentos financieros para transferir los riesgos asociados a desastres naturales a los mercados de capitales. A pesar de que los recursos designados al Fonden son estables (al menos un 0.4% del presupuesto federal), puede incurrir en un salvo deficitario en caso de un gran desastre. Para protegerse de ese escenario, México ha emitido bonos catástrofe: en caso de que un desastre acontezca, bien sea terremotos o huracanes, y cumpla con los parámetros establecidos en la emisión (localización, magnitud y profundidad del terremoto, fuerza de los vientos), los inversionistas perderían la devolución de parte o todo el principal, y dichos recursos serían transferidos del Banco Internacional de Reconstrucción y Desarrollo al Fonden. México fue el primer país soberano en emitir bonos catástrofe en 2006, y recurrió de nuevo a este instrumentos den 2009 y 2012 en conformidad con un programa MultiCatástrofe. El pasado 4 de agosto México renovó un bono catástrofe de 360 millones de dólares (mdd) con una estructura triple (un tramo de terremoto y dos de huracanes). Por el terremoto del pasado 7 de septiembre, se cumplieron todos los parámetros según el Servicios Geológico de Estados Unidos: de confirmarse, 150 mdd entrarán al Fonden, que además cuenta con 9,000 millones de pesos. La magnitud del terremoto del 19 de septiembre no fue suficiente para activar el bono catástrofe. En el 2015, el bono catástrofe también se activó y México pudo retener un 50% del principal.

Sin embargo, el trabajo conjunto es más eficaz si todas las partes intervienen en actividades de prevención, preparación y respuesta frente al desastre: gobierno, organizaciones humanitarias, donantes, voluntarios. La Secretaría de Hacienda junto con el sector privado constituyó el fideicomiso #FuerzaMexico, tras el terremoto del martes, para concentrar y canalizar los donativos de personas, organismos y empresas para las tareas de reconstrucción. Pero además solidaridad de ciudadano de a pie fue crucial. Ropa asustada y valiente llenó las calles, ropa polvorosa y cansada, ropa incombustible y audaz: cascos cabeza con cabeza, tapabocas enmudecidas, guantes en cadena humana, palas y pilas, víveres y albergues.

México, en su surrealismo, en su genio, pobló lo inhabitable, un valle lacustre en zona sísmica y rodeado de volcanes. Ése es su tigre en la casa, y ha convivido con él como Venecia azteca, como milagro renacentista, como neoclasicismo burgués, como ciudad del siglo XXI que se acerca al cielo de oro, siempre telúrico, siempre en forma de tragedia y elegía y siempre colorida e inmarcesible.

INFOGRAFÍA

México es uno de los países del mundo más expuesto a los riesgos de desastres naturales por su potencial fuerte impacto en la población y en los activos físicos del país. Su Índice de Gestión de Riesgo (Inform en inglés) es de 7.0 y es el undécimo país de mayor riesgo junto con Perú, los dos únicos países que no están ubicados en Asia, la zona de mayor peligro…

Terremoto 19-S: Una sincronía surrealista y fatal, maldita y

Fuente: INFORM

… los desastres naturales más frecuentes en México en el período de 1990 a 2014 son los asociados a tormentas y huracanes, seguido de las inundaciones. El tercero es el de los terremotos: de todos los desastres naturales que acontecen, un 10% son los terremotos. Tampoco son los que han provocado los mayores costos en términos de vida y económicos…

dinero

Fuente: Universidad Católica de Lovaina

… en esos datos, no se incluye el terremoto de 1985, el desastre natural más devastador de la historia de México. Sin embargo, los modelos basados en riesgos probabilísticos ante potenciales desastres futuros, los terremotos pueden ser los que ocasionen las mayores pérdidas anuales promedio por año, al contribuir con un 46% de los costos en México…

moreno

Fuente: Reporte de Evaluación Global de Riesgo de Desastre (GAR)

… ante la vulnerabilidad de México las autoridades mexicanas ha creado instituciones de prevención y seguridad de riesgos: Protección Civil, el Fonden, el Fopreden se han ido creando para mejorar la gestión de riesgos. Otra protección ha sido los bonos catástrofe: se activó con el huracán Patricia y con el terremoto del 7 de septiembre, que dará 150 mdd.

terremoto

Fuente: Banco Mundial

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