El dólar puede estar acercándose a un nivel de equilibrio. ¿Qué justificativo tiene tamaña aseveración? ¿Hay algo que podríamos utilizar como valor de referencia para saber dónde estamos?
La volatilidad del tipo de cambio de la semana pasada fue la segunda más alta desde que salimos de la convertibilidad, sólo superada, justamente por aquellos días en que nos despedíamos del 1 a 1.
Las consecuencias de oscilaciones tan violentas son verdaderamente nocivas, ya que en numerosos sectores llevan a una suspensión de las actividades porque no hay manera de estimar precios. Si un comerciante no sabe qué precio cobrar para poder reponer la mercadería que está vendiendo, simplemente no vende. Esto sucede con todos los rubros donde hay un componente importante de insumos en dólares y aún más en productos que directamente son transables.
¿Qué podemos decir entonces cuando la incertidumbre parece ser absoluta? La respuesta la encontramos en ciertos números de la contabilidad del Banco Central.
Para intentar buscar una referencia del valor del dólar, tiene sentido hacer la división entre la cantidad de pesos emitidos por el Central, en comparación a las Reservas en dólares que tiene. Ahora bien, ¿cómo cuantificamos los pesos emitidos? Una respuesta atenta debe indicar que con mirar la base monetaria solamente, no alcanza. ¿Por qué? Porque el BCRA ha emitido otros pasivos como Leliqs, Pases y Lebacs. En consecuencia, tiene más sentido utilizar lo que podría llamarse “Base Monetaria Ampliada”.
Si tomamos esta Base Monetaria Ampliada y la dividimos por las Reservas en poder del BCRA, llegamos un tipo de cambio de $39 (este tipo de cambio teórico se denomina "dólar cobertura"), lo que resulta una noticia alentadora.
¿Qué fue lo que sucedió durante el miércoles y el jueves de la semana pasada? Luego de intervenir en la mañana del miércoles, el Banco Central dejó de vender hasta el final del día jueves. Por primera vez, dejó que el mercado intentara buscar su nivel de equilibrio. Sin lugar a dudas fue una decisión de máxima audacia que bien podría confundirse con temeridad.
Para todos quienes criticábamos que la anterior administración había malvendido reservas a $20, no podemos decir lo mismo de Luis Caputo. Sin embargo, haber transitado ese proceso meteórico equivalió a que nos operen despiertos, sin anestesia y de forma sorpresiva.
¿Qué podemos esperar ahora?
Como sugerimos desde hace ya algunas semanas, la política iba a tener que tomar decisiones de fondo; cambios más profundos. Y entendiendo la dinámica argentina, eso siempre sucede cuando no hay más remedio; cuando la clase política teme por su continuidad porque se ve al borde del abismo. Sólo entonces se toman decisiones valientes. Definitivamente llegamos a esa instancia.
La vuelta a la estabilidad en el tipo de cambio dependerá de la audacia de las medidas que tome el gobierno, pero no alcanzará sólo con eso: hoy también necesitan consensuar de modo urgente cómo se llegará a un Presupuesto 2019 que cumpla o sobrecumpla lo exigido por el FMI. Con estos dos hechos, podríamos pensar en una recuperación de la demanda del peso.
Cualquiera sea el camino tomado, se debería explicitar el sendero para la futura reducción de tasas. No sería descabellado que hoy mismo el gobierno comunicara cuánto irá bajando la tasa de interés en los próximos meses.
Sin una rápida reducción de estas, la actividad sufrirá un proceso recesivo evitable. Después de todo, no olvidemos que Sturzenegger la subió de 27% a 40% con el objetivo de frenar al dólar, que en aquellos días estaba por debajo de $25. Esa suba no generó ni remotamente el efecto buscado y ha impuesto un costo colateral enorme en toda la economía real.
Finalmente, la gran devaluación de los últimos días, probablemente nos haya vuelto inmunes a lo que pase con el real o la lira turca.