Después de caer a 64.80 dólares a principios de septiembre, el precio del petróleo ha tratado de repuntar sin poder cruzar la barrera psicológica de los 70 dólares.
El panorama sigue siendo incierto, con el precio del crudo en descenso en gran parte debido a la posibilidad de un aumento en el suministro por parte de la OPEP+ y las preocupaciones sobre la economía china.
La reducción de las tasas de interés en 50 puntos básicos por parte de la FED no impacto significativamente en los precios del petróleo, a diferencia de otros commodities como el gas natural, el oro y la plata.
Por otro lado, los traders de petróleo pasaron de la euforia inicial por las medidas de estímulo del gobierno chino a la cautela, debido a la incertidumbre sobre su impacto real en la demanda.
China está considerando inyectar hasta 1 billón de yuanes (aproximadamente $142 mil millones de dólares) de capital en sus bancos estatales más grandes para aumentar su capacidad de apoyar la economía.
Esta medida, que no se había utilizado desde la crisis financiera global de 2008, busca fortalecer la liquidez y fomentar el crecimiento económico en este momento de desaceleración.
Además, la posibilidad de un incremento en la producción de barriles en Libia ha afectado los precios del petróleo en un contexto todavía frágil y susceptible a variaciones por la inestabilidad política y los conflictos internos.
La producción en Libia ha sido históricamente volátil, y cualquier interrupción o mejora podría tener un impacto significativo en los precios globales del crudo.
Otro factor relevante esta semana fue la disminución de los inventarios de gasolina, diésel y petróleo en EE. UU. con una reducción de 4.5 millones de barriles, alcanzando su nivel más bajo desde abril de 2022.
Aunque esta reducción en los inventarios sugiere una mayor demanda interna, lo que podría apoyar los precios en el corto plazo, por ahora no tuvo un impacto significativo en los precios del crudo.
A nivel geopolítico, EE. UU., la Unión Europea y potencias del Medio Oriente como Arabia Saudita y Qatar han sugerido un alto el fuego de tres semanas entre Israel y Hezbolá en el Líbano para facilitar negociaciones y evitar una guerra total en la región.
Un alto el fuego exitoso podría reducir las tensiones en una región clave para la producción y el transporte de petróleo, lo que a su vez podría estabilizar los mercados.
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