Es un punto de tensión que he estado anunciado desde hace varios meses y en artículos anteriores. Con el acuerdo Fase 1 firmado, los máximos del SP500 y los últimos reportes de empleo son caldo de cultivo para que los dardos del rubio y siempre bronceado líder americano se enfoquen hacia la Unión Europea.
Donald Trump ha encontrado en el conflicto iraní la excusa perfecta para reiniciar la campaña para imponer aranceles al sector automotriz europeo. Sabe que Irán ha rechazado y rechazará una propuesta de negociar un nuevo pacto nuclear que incluya nuevamente a Estados Unidos. Por lo tanto, imponer aranceles del 25% al sector automotriz del viejo continente, esta vez, podría resultar una tarea más sencilla a lo pronosticado inicialmente.
Si antes intentó generar conflicto con el viejo continente con el caso Boeing (NYSE:BA) y los subsidios que entrega la Unión Europea a su rival Airbus (PA:AIR), ahora Washington está presionando a que Reino Unido, Francia y Alemania acusen formalmente a Irán de romper el acuerdo nuclear de 2015. Estos países, por su parte, han activado un protocolo de resolución de disputas para obligar a Teherán a respetar el pacto suscrito en 2015, un mecanismo que puede llevar al abandono del acuerdo y a la reimposición de sanciones contra Irán si las dos partes no llegan a un acuerdo, pero la alta inestabilidad y beligerancia en medio oriente es un incentivo perverso para que los garantes del acuerdo se mantengan en el statu quo.
Pero, ¿es Irán o Boeing la verdadera razón de Donald Trump para amenazar nuevamente al Viejo Continente?
En gran parte, creo que no. El trasfondo de Donald Trump es mucho más profundo y radica en que se ha dado cuenta que a través de la imposición unilateral de tarifas ha encontrado una buena estrategia para cumplir con su promesa de campaña, el reposicionamiento global de EE.UU.
En términos sencillos, con esto intenta “golpear la mesa global” para dejar en claro quién es el dueño del capital y de los factores productivos, porque a pesar de la inestabilidad que generó la guerra comercial y la imposición (por ambos países) de miles de millones de dólares en aranceles, la fortaleza económica de EE.UU. se ha mantenido estable, los salarios crecen en torno al 4% anual, la tasa de desempleo persiste en mínimos históricos, el PIB crece sobre 2%, pero sobre todo, se observa como el SP500 logra nuevos máximos históricos. Un escenario que sus rivales no pueden presumir y que Donald Trump, hábilmente ha sabido leer muy bien.
Entonces, si alguien creía que con el acuerdo fase 1 la tensión comercial global terminaría, probablemente esté equivocado. El líder americano que al igual que un buen cazador, que huele la debilidad de su víctima, aprovechará las debilidades estructurales por las que atraviesa la UE para nuevamente demostrar la superioridad de EE.UU. a nivel mundial.
En una diestra jugada de ajedrez, Washington ha estado a la espera de un pretexto para para tensionar las relaciones comerciales con Europa, pero no iniciar un conflicto comercial, pero la Unión Europea, que todavía sin aprender lo que ha dejado el Brexit, en vez de negociar sobre las subvenciones al fabricante Airbus y los aranceles al sector automotriz, sin duda responderá con aranceles a las importaciones desde EE.UU.
Será el combustible perfecto para una contundente respuesta de Trump, una escalada en los aranceles y una nueva etapa en la inestabilidad global.
¿Podrá EE.UU. resistir esta vez?
Saludos,
Felipe Posada
Seedstox