A comienzos de 2023 se habían observado señales de que la economía mundial podría lograr un aterrizaje suave con inflación a la baja y crecimiento firme. Sin embargo, estas señales se han disipado debido a una inflación persistentemente alta y a las recientes turbulencias en el sector financiero. A pesar de que la inflación ha disminuido debido a la subida de las tasas de interés por parte de los bancos centrales y a la reducción de los precios de la energía y los alimentos, las presiones subyacentes de los precios están resultando pertinaces, ante la escasez de la mano de obra en varias economías.
Las autoridades económicas han tomado medidas contundentes para estabilizar el sistema bancario, pero las vulnerabilidades del sector bancario y los temores de contagio en el sistema financiero están haciendo visibles los efectos colaterales del rápido aumento de las tasas de política monetaria.
El crecimiento mundial disminuirá de 3,4% en 2022 a 2,8% en 2023 según el pronóstico de base, y luego aumentará lentamente y se estabilizará en 3,0% en cinco años; se trata del pronóstico a mediano plazo más bajo en décadas. Las economías avanzadas experimentarán una desaceleración del crecimiento especialmente pronunciada, desde el 2,7% en 2022 al 1,3% en 2023.
En un escenario alterativo razonable con mayor tensión en el sector financiero, el crecimiento mundial disminuirá a alrededor de 2,5% en 2023, el crecimiento más débil desde la desaceleración mundial de 2001, sin contar la crisis inicial de COVID-19 en 2020 y durante la crisis financiera mundial de 2009. En las economías avanzadas, el crecimiento descenderá hasta menos de 1%.
El nivel general de inflación disminuirá del 8,7% en 2022 al 7,0% en 2023 debido a los menores precios de las materias primas, pero es probable que la inflación subyacente (básica) disminuya más lentamente. En la mayoría de los casos, es poco probable que la inflación retorne al nivel fijado como meta antes de 2025.
Las perspectivas son anémicas debido a la orientación restrictiva de la política monetaria que es necesaria para reducir la inflación, a las consecuencias del reciente deterioro de las condiciones financieras, a la guerra que se libra en Ucrania y a la creciente fragmentación geoeconómica.
Los riesgos para las perspectivas están muy sesgados hacia un empeoramiento de la situación, y las probabilidades de que se produzca un aterrizaje brusco han aumentado notablemente. La tensión en el sector financiero podría amplificarse y el contagio podría extenderse, debilitando la economía real al registrarse un marcado deterioro de las condiciones de financiamiento y obligando a los bancos centrales a reconsiderar la trayectoria de sus políticas. En el contexto de mayores costos de endeudamiento y menor crecimiento, los focos de sobreendeudamiento soberano podrán expandirse y tornarse más sistémicos.