- Desde 2020 el país asiático ha crecido menos de la mitad de su tasa histórica.
- Hasta ahora, las implicaciones para nuestra región han sido limitadas.
- A nivel global, la inflación de mercancías se ha beneficiado.
El gobierno podría anunciar estímulos significativos de cara a 2024
Si ha habido una constante en el mapa de riesgos de los últimos 12 meses esta no es otra que la desaceleración de la economía china. Desde el inicio de la pandemia de Covid-19, cuyos primeros casos se registraron en el país asiático, el ritmo promedio de avance ha sido de menos de la mitad de lo que se registró entre 2000 y 2019. Por ello, este comportamiento ha estado detrás de las revisiones a la baja que han efectuado el Fondo Monetario Internacional y varias instituciones privadas a los pronósticos globales de crecimiento en repetidas ocasiones durante el año. De cara a 2024, la atención estará puesta en los nuevos objetivos que serán fijados por las autoridades en los primeros meses del año y que podrían ubicarse debajo de la meta actual de un avance del PIB de 5.0%, lo que tendría implicaciones para los mercados más conectados.
China ha sufrido una transformación estructural en las últimas décadas
La inercia apabullante que por un buen tiempo ha caracterizado a la economía china tuvo su origen en las reformas modernizadoras de Deng Xiaoping hace casi 5 décadas y que permitieron cambios estructurales del orden de la apertura de la Bolsa de Valores de Shanghái en 1990 o el ingreso a la Organización Mundial de Comercio en 2001. Desde entonces, China ha crecido arriba del umbral de 10.0% en 16 ocasiones y promedia una tasa cercana a 9.0% anual en el periodo, lo que le ha permitido multiplicar por 10 el tamaño de su ingreso agregado respecto al que registraba a mediados de los setenta. En el proceso, China pasó de ser la novena mayor economía del mundo a consolidarse como la segunda, además de surgir como potencia militar, tecnológica y política. Finalmente, de la amplia lista de logros resalta la transición en el ingreso per cápita, pues en este lapso alrededor de 800 millones de personas (87.0% de la población a mediados de los 70’s, 55.0% actualmente), abandonaron las condiciones de pobreza y dieron pie a la construcción de una sólida clase media.
Las señales de desaceleración son claras y diversas
A la luz de dicha dinámica los resultados más recientes contrastan fuertemente, pues la pandemia probó ser un verdadero parteaguas y con una variación del PIB de +2.2% en 2020 se concretó el peor resultado desde 1977. Más aun, a pesar de que 2021 compensó con un rebote de +8.1% anual, 2022 (+3.0%) y 2023 (+4.9% est.) han sido decepcionantes y podrían marcar el inicio de una etapa menos vigorosa para la tendencia de crecimiento. Estas perspectivas se ven apoyadas por otros indicadores, de los que destacan la baja inflación al consumidor desde 2012 y la deflación que ha prevalecido con los precios al productor más recientemente. Igual de preocupante es la tasa de desempleo para la población urbana entre 16 y 24 años, que alcanzó 21.3% en junio y es más del doble del máximo que se registró con el Covid-19. De hecho, el gobierno chino suspendió la publicación de este indicador tras el sorpresivo dato y alimentó con ello las sospechas sobre problemáticas de fondo en la estructura económica.