El próximo 6 de noviembre Nicaragua elige nuevo presidente, 90 diputados para la Asamblea General y 20 diputados para el parlamento Centroamericano.
Con la exclusión de la oposición de la representación legal de sus partidos y la inhabilitación de 28 diputados opositores en funciones, Daniel Ortega eliminó así, a través del Consejo Supremo electoral, a la oposición de la competencia en los comicios. Ortega busca su cuarta reelección y se inscribió junto a su esposa Rosario Murillo, como candidata a la vicepresidencia para así lograr perpetuarse en el poder instalando una dictadura y formalizando una sucesión dinástica.
A diferencia de Venezuela, que ignora permanentemente al parlamento y sus decisiones, Ortega directamente la disolvió. Nicaragua, Venezuela y Cuba contemplan la relección indefinida, pero sin oposición, Ortega se presenta como único candidato. La Democracia en Nicaragua está siendo atropellada sistemáticamente, la dictadura instalada a partir de las últimas decisiones autoritarias tomadas por Daniel Ortega son un insulto a la Democracia y a la Libertad.
En América hablar de Dictadores es hablar de inescrupulosos que desprecian la vida humana y claman por más sangre en las calles. El régimen presiona con dinero y con una idea de estabilidad que hace que muchos dejen de luchar, la desmoralización y el temor se acrecienta y la esperanza está siendo aniquilada. Eso provoca exilios masivos.
Hoy Latinoamérica está viviendo en varios países una gravísima crisis humanitaria que puede convertirse en tragedia si los líderes de la región no actúan a tiempo. En Cuba 2000 personas intentaron cruzar la frontera la semana pasada, provocando muertos, desaparecidos, asesinados a sangre fría y mujeres violadas.
Los que logran llegar a las fronteras son deportados, pero al volver a su lugar de origen son perseguidos políticamente, encarcelados y en muchos casos asesinados. Hace dos semanas llegó a la Argentina un avión desde Venezuela con 400 personas a bordo, el 56% del pasaje llegó para quedarse, incluido un equipo completo de fútbol.
Muchos de ellos no podrán volver a su país ya que incumplieron con el tiempo de estadía convirtiéndose en desertores. ¿Qué les espera si vuelven?: La cárcel, las torturas y también la muerte.
La crisis migratoria de Cuba, Guatemala, Haiti, el Salvador, Honduras y Venezuela ha aumentado considerablemente este año y las cifras aumentan, la gente huye del hambre y la falta de oportunidades. Los juegos del hambre dejna de ser una película de ficción, muchos mueren en el intento de una vida mejor y los que logran salvarse serán perseguidos y encarcelados de por vida.
La cacería se acrecienta y los refugiados políticos aumentan: Haitianos, Cubanos, Venezolanos dejan de ser hermanos para sobrevivir en la gran batalla de subsistir. El gran mal de la época es que no tenemos dirigentes fundados en la ética y la moral, nuestros gobernantes deberían tener un nuevo espíritu basado en la Democracia solidaria, que coordine el interés social con el interés individual, que regule un estado que satisfaga derechos y cuide el cumplimiento de los deberes de sus pares.
Que entiendan que al ser electo democráticamente deben hacerse cargo de todos los que lo votaron y los que no, porque se gobierna para todos, no para una minoría. Si no entienden que los excluídos son parte de un mismo continente estamos destinados a que ellos mismos sean cómplices de esos gobiernos dictatoriales.
El cáncer de la corrupción enceguece, enmudece y hace oídos sordos a nuestros dirigentes y da la sensación en aquellos países donde la Democracia es respetada, que sus Presidentes prefieren mantenerse ajenos de lo que está pasando en Latinoamérica. Entiendan que involucrarse no contagia y que la única manera de volver a creer en la política es con la ejemplaridad.
La crisis moral que demuestran varios de los presidentes de la región es una realidad que asusta porque pasan por alto la necesidad de aquellas personas que no pueden ejercer sus derechos fundamentales, les hacen creer que no tienen derecho de ser parte de una sociedad o de una comunidad.
Los nuevos dirigentes deben hacerse cargo de las nuevas realidades y dar respuestas concretas. El desafío es reconstruir un sistema político que hoy separa, discrimina y mata de hambre. Entonces nos queda una sola pregunta por hacer: ¿El resto de los dirigentes del mundo mira esa cacería sin hacer nada?
Los mentores de Los juegos del hambre en Latinoamérica tienen nombre y apellido y aquellos dirigentes que miran de reojo son tan cómplices como ellos.