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Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), el mundo enfrenta un exceso de oferta de aproximadamente 3.73 millones de barriles por día en 2025. Mientras tanto, se espera que la demanda aumente solo en 850, 000 barriles por día debido a la inestabilidad económica global y a la desaceleración de China, el mayor importador mundial de petróleo crudo.
Estos factores mantuvieron los precios del petróleo por debajo del umbral de USD 65 por barril desde comienzos de 2025 hasta fines de febrero. Sin embargo, las tensiones militares entre Israel, Estados Unidos e Irán se intensificaron tras el fracaso de las negociaciones nucleares, y se convirtieron en el detonante que impulsó con fuerza al alza los precios del petróleo.
2. La importancia estratégica del estrecho de Ormuz
El estrecho de Ormuz no es solo una ubicación geográfica: es la columna vertebral del mercado energético global.
Un bloqueo podría darse en distintos niveles: hostigamiento a buques petroleros, despliegue de minas marinas o un cierre militar total. Históricamente, Irán nunca cerró el estrecho por un período prolongado. Sin embargo, una campaña como la “Operación Epic Fury” podría empujar a Teherán a una situación de “no tener nada que perder” y convertir este escenario extremo en realidad.
3. Escenarios de impacto (según Kroll y Wood Mackenzie)
Según Kroll:
Si el estrecho se cerrara por completo, los precios del petróleo podrían duplicarse, reduciendo el PIB global en un 2.5 %. La producción de petróleo de Medio Oriente podría caer hasta un 67 %, lo que provocaría una baja del PIB regional del 36.8 %.
Según Wood Mackenzie:
Incluso si la OPEP aumenta la producción para compensar la escasez, los precios del petróleo WTI podrían llegar igual a USD 100 por barril si las rutas de envío no se reabren rápidamente, ya que el petróleo no tendría acceso a los mercados internacionales.
4. Análisis de escenarios de Oxford Economics
Interrupción severa (5 % de probabilidad)
Interrupción de baja intensidad (30 % de probabilidad)
Escenario base (45 % de probabilidad)
Negociación rápida (20 % de probabilidad)
5. Principales países afectados
China
China es el mayor importador mundial de petróleo crudo y el principal comprador de petróleo iraní (representa más del 90 % de las exportaciones de Teherán). Perder el crudo iraní con descuento, sumado a la subida del Brent, aumentaría con fuerza los costos de producción de China.
Aunque China se diversificó hacia el petróleo ruso, las sanciones y los riesgos logísticos en la región del Mar Negro vuelven inestable ese suministro. Los expertos consideran que China es el país más vulnerable ante cualquier cierre del estrecho de Ormuz, debido a su fuerte dependencia de la seguridad marítima en esa zona para sostener la actividad económica. En consecuencia, es probable que China también presione con fuerza para lograr negociaciones rápidas.
India
India importa cerca del 90 % de sus necesidades de petróleo crudo, y el 40% % proviene de la región del Golfo. Una suba del precio a USD 100 por barril debilitaría de inmediato la rupia, dispararía una inflación importada significativa y ampliaría el déficit de cuenta corriente.
La estrategia “China Plus One” de India para atraer inversión institucional extranjera (FII) podría verse amenazada si la estabilidad macroeconómica se sacude por el aumento de los precios de la energía. A diferencia de China, India tiene menos opciones para comprar petróleo sancionado debido a la preocupación por posibles sanciones secundarias de EE. UU. de EE. UU.
6. Evaluación y recomendaciones
Con las represalias militares en curso, el riesgo de que la guerra se extienda por todo el Golfo sigue siendo alto. Las instalaciones de producción en Arabia Saudita y otros estados del Golfo enfrentan el riesgo de sufrir daños graves, junto con la posibilidad de un cierre prolongado del estrecho de Ormuz.
Como resultado, está aumentando la probabilidad de que un conflicto prolongado provoque un shock de oferta. Los inversores deberían prepararse para que el precio del petróleo se acerque a los USD 90–100 por barril. Esto probablemente desencadene una nueva ola de inflación, obligando a los bancos centrales a mantener las tasas de interés más altas durante más tiempo y ejerciendo presión directa sobre la recuperación económica global.